Cuando empezamos a conducir un coche, una de nuestras principales preocupaciones a la hora de su funcionamiento son las marchas. No terminamos de entender el concepto y, como mucho, nos dicen que el coche, el motor, ‘nos las pide’. Cuando aprendemos, nos damos cuenta de que tienen que ver con la potencia, y de que es verdad que se nota muchísimo cuándo hay que poner una u otra. ¡Pues algo así ocurre cuando aprendemos a cómo usar los cambios de una bici!

Al principio puede parecer algo de lo más complicado, pero basta con aprender unos conceptos básicos para manejarlos como un experto. En este caso el motor somos nosotros, tanto nuestro corazón como nuestras piernas, y el buen uso de los cambios hará que las cosas se nos pongan mucho más fáciles. Y, como consecuencia de ello, que lleguemos mucho más lejos. ¡Eficiencia, que se llama! Existen muchas variables: camino en subida, en bajada, tipo de terreno, platos y piñones… Estad atentos, ¡os lo contamos todo!

Tipos de cambios

Seguro que esperábais algo complicado para empezar, pero lo cierto es que en este caso la cosa no podría ser más sencilla. Existen dos tipos de cambios en el mercado, los internos y los externos, siendo estos últimos los más comunes con los que os encontraréis.

  • Cambios internos: Se trata de un sistema sellado que, por norma general, reduce los piñones a un único elemento (en ocasiones los hay de varios y con desviador, aunque no es lo más habitual). Funcionan mediante un sistema de engranajes, lo que permite cambiar de marcha sin necesidad de estar pedaleando.
  • Cambios externos: Los más extendidos. Necesitan de un desviador trasero que cambie de un piñón a otro y, en ocasiones, también de uno delantero para cambiar entre platos. Pesan menos que los internos, pero a la vez necesitan de más cuidados porque están completamente expuestos.

Componentes principales de los cambios de una bici

Los dos tipos de cambios de los que os hemos hablado coinciden en algunos de sus componentes, como la palanca o los chicotes. Eso sí, sus diferencias de funcionamiento hacen que necesiten de otros completamente específicos:

  • Palancas: También denominadas ‘mandos’. Están en el manillar y son los elementos con los que le indicamos al sistema si queremos subir o bajar de marcha. Transmiten al cable (o chicote) lo que queremos en cada momento.
  • Chicotes: Se llama así al cable de acero que se tensa o destensa para transmitir la orden de las palancas a los piñones o platos.
  • Cadena indicadora y maza: Estos dos serían los componentes que conforman, junto con los dos anteriores, un sistema de cambio interno. La primera transmite la señal a los engranajes y la maza es la ejecutora de la orden. En caso de haber más de un piñón, es la que debe cambiar de uno a otro.
  • Desviadores delantero y trasero: Por último, estos dos son los componentes que hacen posible el funcionamiento de un cambio externo. Son ellos los que deben mover la cadena entre los platos o piñones en función de nuestras necesidades.

¿Cuándo debes cambiar de marcha?

He aquí el quid de la cuestión: ya sabemos la teoría, pero… ¿cómo usar los cambios de una bici en la práctica? Para empezar, tal y como os dijimos en el ejemplo del coche, si empezamos a sufrir sobre la bicicleta y las piernas no nos dan, significa que o estamos muy mal físicamente o no vamos en la marcha adecuada. Dependerá tanto del terreno como de nuestra condición física, pero lo normal es que cualquier tipo de cambio en el primero nos haga empezar a pensar en tirar de unas velocidades u otras.

Y es que esa es otro de los aspectos a controlar, las velocidades. Si vamos a subir cuestas iremos despacio y necesitaremos combinaciones con piñones grandes. Sin embargo, cuando necesitemos imprimir velocidad a nuestra marcha, tocará optar por combinaciones de piñón pequeño.

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Errores que debes evitar al cambiar de marcha

Aunque ya vamos sabiendo cómo usar los cambios de una bici, hay ciertos errores de lo más habituales que todavía no hemos aprendido a evitar. Eso sí, no os preocupéis, ¡basta con unos simples tips para no tener que preocuparos por ellos!

  • Cruce de cadena: Aunque a priori podemos elegir cualquier combinación de platos y piñones, tanto en subida como en bajada, hay algunas que no son nada recomendables. Por ejemplo, plato pequeño con piñón pequeño o plato grande con piñón grande. En este caso puede producirse un cruce de cadena, o que esta roce con alguna parte de nuestra bicicleta. Cualquier de estos casos puede provocar un desgaste excesivo tanto en la cadena como en los dientes de platos y piñones, ¡y no queremos eso!
  • Cambio en subida: Tan importante es saber cómo hacer un cambio de marcha como cuándo hacerlo. Si necesitamos llevarlo a cabo, es importante sincronizarse para que no se produzca en plena pedalada. ¿Por qué? Pues porque la tensión a la que podemos someter al sistema es tal que podríamos llegar a partir la cadena de golpe y porrazo.

Consejos para hacer cambios de forma adecuada

Además del que os acabamos de dar de no hacer el cambio justo en el momento de impulsar el pedal hacia abajo con todas nuestras fuerzas, conviene tener en cuenta otros consejos a la hora de cambiar de marchas. Y es que, aunque os lo hemos dejado caer, no os hemos especificado qué combinaciones son las más adecuadas para cada momento. El terreno manda, y dentro de eso, lo siguiente a tener en cuenta es nuestra condición física. Teniendo esto claro, tocará experimentar sobre esta base:

  • Subida: En las subidas necesitamos potencia física a velocidades lentas. Cuando nos encontremos en esta situación, deberemos hacer uso del plato pequeño y el piñón grande. Eso sí, en función de nuestro estado, podremos ir eligiendo puntos intermedios que nos den cierta ventaja y ajusten nuestro esfuerzo a nuestro momento de forma.
  • Llano y bajada: En los momentos en los que necesitamos imprimir velocidad a nuestro avance, toca invertir los cambios. Plato grande y piñón pequeño a tope.

Cuanto más conozcamos nuestra herramienta, mejor sabremos cómo usar los cambios de una bici. Sobre las dos ruedas, como en la vida, no todo es blanco o negro, ¡y de cómo gestionemos la gama de grises dependerá que nuestra experiencia sea más o menos satisfactoria!